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jueves, 18 de diciembre de 2014 1 comentarios

Una fiesta de luz




Algunos días atrás luego de haber terminado la tarea de organizar e instalar todas las decoraciones de la época, me disponía a encender las luces navideñas, ya se acercaba la noche, y fue ese acto casi instintivo lo que hizo que recordara que aquello que ahora es tomado simplemente como un adorno, no deja de recordarse, aunque sea de manera inconsciente por la "sociedad moderna" como la presencia de la luz, como un simbolo de la iluminación tanto física como espiritual, la luz de la memoria de aquellos que ya no nos acompañan físicamente, y la luz del Sol que retornara en su festival, diciembre siempre ha tendido a ser un mes de contrastes, una época en donde prima la familia y este sentimiento se mezcla con la alegría de un ambiente festivo, con la sobre-comercialización que las grandes empresas se han encargado de aportar y por supuesto con la nostalgia por aquellos que ya no están con nosotros, pero que aún debemos tener en nuestra memoria. 

Hace unos meses atrás, durante la época de Samhain (Halloween) muchos de nosotros nos dábamos a la tarea de hacer frente a la muerte para conciliar con su oscura realidad, despidiéndonos de todos los frutos de la cosecha para de esta forma entender su misterio, el misterio de la anciana sabia, la Diosa Arpia, el  misterio de que la vida no puede ser entendida sin la muerte, la muerte se convierte entonces en una exaltación de la vida, una re-afirmación de esta, y luego de aquel tiempo otoñal, le damos la bienvenida a una fiesta de luces, en donde ilusa y erróneamente muchos en algún momento hemos esperado  dejar a un lado los misterios de la muerte y el inframundo, pero nuestra memoria hace que esta, la muerte, esté aún más presente, y es que el tiempo de la navidad resulta ser complicado, porque es quizás aquella época del año en donde la huella que ha dejado la muerte en nuestras vidas retorna con más fuerza, como humanos tenemos la capacidad de recordar mediante nuestra memoria, esta se convierte entonces en una condición narrativa de la existencia que nos permite resistir frente al olvido, el olvido del hecho de que tenemos ancestros, de que algunos han partido antes que nosotros, que aún tenemos una conexión con ellos y que si dejamos que el olvido reine no permitiremos que la luz de sus presencias, sus almas cristalizadas en nuestra memoria ilumine nuestros corazones. 

La muerte para una persona suele significar un transito doloroso, acompañado por el duelo y el sentimiento de vacío que ha dejado una persona, este año ha sido especialmente doloroso en este aspecto, se han marchado algunos amigos cercanos y algunas personas que siempre considere como grandes influencias dentro de mi camino espiritual, sin embargo, nuestra tarea ahora es continuar adelante, manteniendo la luz de su memoria encendida y aceptando ahora su nueva realidad, su nacimiento en el mundo espiritual, y es que esta reconciliación con lo acontecido no puede provenir mas que de la celebración de la muerte, porque de esta manera también celebramos la vida, después de todo la Diosa es la cuna pero al mismo tiempo es la tumba, y al final todos terminaremos en sus brazos, para renacer nuevamente.

Navidad es entonces una fiesta de luces, nuestros hogares están iluminados bien sea por las velas tradicionales o por las modernas luces eléctricas recordando la presencia del Sol, la iluminación espiritual y las luces de la memoria de nuestros seres queridos que nunca se han apagado, de nuestros ancestros, una fiesta en la que celebramos la vida, y al hacerlo también celebramos la muerte, porque la muerte en el mundo físico significa el nacimiento en el mundo espiritual, y la muerte en este, se encausara en el nacimiento físico a su debido tiempo, entendemos entonces que ellos regresaran, permitiéndonos esta conciencia dejar a un lado el luto, el Dios y la Diosa se hacen presentes en nuestras vidas, la luz del Sol regresa paulatinamente, dando al mismo tiempo paso a las promesas de nuevas vidas, permitiendo de esta forma que la Rueda se mueva con más velocidad, ya que la luz ha retornado. 


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